Hasta aquí.

-¿Intentas hacer que el mundo te tenga algo de compasión? ¿Qué es lo que intentas hacer con esto?- la mirada la mantuvo hacia él intentando obtener una respuesta concreta. Algo andaba mal y eso era algo que no podía tomar como el final. No para ella. No lo permitiría.

-No, no intento aprender o sacar algún provecho de eso.- El solo se relajó un poco y apagó el cigarro.

-¿Entonces? ¿Así como así se va a terminar todo? ¿Ya no quieres verme nunca más? ¿Qué diablos se supone que significa eso?-

-Eso. No quiero volverte a ver más.- Se relajó en su asiento mientras su compañera no entendía lo que estaba pasando.- Aprendí que no tengo una oportunidad, que nunca podremos pasar de esta farsa de estar coqueteando el uno con el otro. Nunca haremos nada en realidad. Nunca pasaremos de esta farsa de ser buenos amigos. Ni tú me darás lo que estoy buscando y creo que yo ya no puedo darte lo que siempre te he ofrecido.-

-¿Tu amistad?-

-Un tapete el que puedas pisar…-

Eso había sido bajo. Él lo sabía. Hace años que su inconciente sabía que eso nunca terminaría como el esperaba, nunca podría ser, mas sin embargo él estuvo presente en todos los momentos que ella pronunció su nombre. Cada gota de tristeza que ella derramaba él la intentaba contener y hacer que no se desperdiciaran por alguien que no fuera él. Así de egoísta era su sentimiento. Así de cobardes eran sus intenciones.

-Nunca has sido un tapete para mí. No entiendo por qué estás haciendo esto.- El shock de la noticia empezaba a perder su fuerza inicial dando paso a un dolor profundo. Lo iba a perder y aparentemente ella no podía hacer nada al respecto. Todo se acabaría entre ellos dos. Una amistad que ella pensaba que era fuerte ahora dejaba ver, más allá de la fachada que solo era mantenida por dos sentimientos mutuos que poco a poco se mataban entre ellos. Amor y amistad.

-Quizá no lo puedas ver. Quizá solo soy el que siempre está ahí cuando tú lo necesitas. Quizá solo soy aquél que esperaba un momento de debilidad para poder aprovecharlo para mis bajos instintos. Quizá soy una horrible persona. Pero incluso yo, incluso después de tantos años…

-Angel…-

-… ya no quiero saber nada más de eso. Y desgraciadamente eso te incluye a ti.-

-¿Qué hice yo?

-Nada… Y eso precisamente es el problema de todo esto.

-No tenía que hacer nada. Tú sabías exactamente lo que estaba sintiendo y lo que siento en estos momentos. Es una mierda que todo lo quieras arreglar con borrarme del mapa.- La voz de ella se rompía cada vez más.- ¿Qué esperas? ¿Qué al decirme todo esto te diga mágicamente que lo intentemos? ¿Qué te diga que todo este tiempo estuve ciega? ¿Quieres que me acueste contigo y de la nada inventemos un sentimiento que no existe?

-Existió para mí. El problema es que lo viste tú y lo dejaste crecer.- El simplemente le dio otro trago a la bebida cercana a él.

-Eres un estúpido. Esto no es mi culpa. No puedo creer que solo estés pensando en ti y con eso quieras darle un giro a las miles de veces que lo has intentado. ¡Nunca va a pasar me escuchas! ¡Nunca!

Las personas alrededor de la mesa interrumpieron sus actividades para darles un silencio absoluto a la pareja que estaba discutiendo sus propios sentimientos.

-Y es por eso que no quiero volverte a ver. Nunca más.

La bebida apenas caliente en su cuerpo era el sello perfecto para una conversación de ese tipo. La chica había salido corriendo quizá llorando o quizá solamente furiosa por la traición de su “amigo”. Todo había terminado de una horrenda forma. Quizá como todo había empezado.

 

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